jueves, 8 de septiembre de 2016
Como el ajedrez enseña para la vida.
sábado, 9 de julio de 2016
El ajedrez es mucho más que "jugar una partida".
No menos atractivo resulta el análisis de problemas, desde aquellos que podemos resolver en pocos minutos, hasta otros que se nos aparecen como de imposible resolución... y sin embargo lo tienen.
Otro campo que se nos abre es el conocimiento de los Grandes Maestros, no sólo en el ajedrez sino en sus vidas personales, a veces marcadas por circunstancias que nos dejan estupefactos. La historia de los hombres, y algunas mujeres, que dejaron su nombre en el ajedrez es un aspecto que está a disposición de cualquiera que tenga su punto de aficionado a la historia o a la sociología, incluso a la psicología, ya que algunos GM tuvieron una idiosincracia bastante peculiar.
Todo esto, y más cosas que ahora no tengo presentes, hace que el jugador de ajedrez tenga por delante, y por detrás, un vasto y apasionante camino para transitar hasta donde le lleguen sus fuerzas.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Modalidades del ajedrez
La resolución de problemas ajedrecísticos, que algunos diarios, como El País o La Vanguardia, traen como columna permanente, requiere otra clase de pensador. Aquí no se tiene la presión del "otro", ni el deseo de ganar o el temor a perder, sino es algo muy parecido a la pura especulación científica. Hay un problema, sabemos que tiene solución, y sólo queda resolverlo.
Es una práctica solitaria, pero que acompaña muchísimo.
jueves, 26 de marzo de 2009
La Siciliana Cerrada (3.g3)
jueves, 4 de diciembre de 2008
Desplegar el YO

Estas palabras de J. Rowson, que señalo en la página escaneada, me parecieron excepcionales, mostrando la hondura psicológica en el análisis del G.M. británico.
¿Qué nos lleva a jugar y a entusiasmarnos con el ajedrez?
Según nuestro autor ofrece la posibilidad de escapar del estrecho círculo de la vida cotidiana donde todos nosotros estamos constreñidos a representar un papel, (o varios), que siempre está lejos de usar completamente nuestras potencialidades. En el ajedrez somos el general que dirige la guerra contra un enemigo feroz, el empresario que diseña una estrategia de expansión de sus recursos, el estadista que decide perseverar cuando todo aparentemente está en contra. Como decía Napoleón, cada soldado suyo llevaba el bastón de mariscal en su mochila, y el ajedrez permite ejercer eso que todos tenemos y que muy pocos pueden demostrar en su existencia normal.
Se podría decir que esta reflexión es aplicable a cualquier “juego”; pero el ajedrez por su complejidad e infinitas combinaciones es, en todo caso, el terreno más adecuado para desplegar nuestro YO hasta los límites de nuestra naturaleza.
lunes, 29 de octubre de 2007
Kasparov. 5
El libro que comento del GM Kasparov da para mucho. Tengo miedo de “eternizarme” en él (cuando hay tan buenos libros esperando…), pero cuando vuelvo a releerlo encuentro materia para muchos pensamientos de calado (o eso creo). Tomemos, por ejemplo, cuando escribe sobre la “preparación” en un trabajo, o en el ajedrez. Me entusiasmó particularmente esta reflexión: “Había cierta correlación casi mística entre el esfuerzo y los logros, sin un vínculo directo entre ellos.” (pág.111). Y mi experiencia confirma completamente esta afirmación. Algunas veces desfallecemos porque lo que hemos preparado para una tarea determinada no ha sido utilizado, o de poco ha servido. Sin embargo, como dice el maestro, “este esfuerzo “desperdiciado” tiene también su lado práctico”, ya que a la postre nos sentimos empapados de la cuestión y nuestra capacidad aumenta verticalmente. No debemos desalentarnos si hemos preparado una apertura con sus variantes y luego nos encontramos que a poco de salir, nuestro adversario desarrolla otra, inesperada, que nos lanza hacia el vacío. La búsqueda de resultados inmediatos (algo tan importante en nuestra época) resulta, a la larga, un torpedo en la línea de flotación de nuestro desarrollo personal. Todo necesita tiempo… y maduración. Y en ese proceso el trabajo que no es remunerado inmediatamente conforma también un escalón imprescindible hacia la excelencia. Garry menciona el ejemplo de Thomas Edison, pero uno mismo, si se analiza cuidadosamente lo hecho en el pasado se puede vislumbrar como cada logro tiene mucho trabajo invisible en sus raíces; trabajo gratuito pero esencial. El que busca resultados importantes no debe reparar ni en los éxitos ni en los fracasos del corto plazo; ambos son esenciales y ayudan tanto unos como otros, sin son adecuadamente asimilados.
domingo, 8 de julio de 2007
Aprendiendo ajedrez
ver
miércoles, 4 de julio de 2007
Los "tiempos muertos"
Lo único que hay que tener en cuenta (a mi me ha pasado varias veces) es tener idea por donde vamos, ya que podemos pasarnos de estación, viajando en metro, con gran facilidad. Es asombroso como media hora de viaje puede comprimirse psicológicamente en unos escasos cinco minutos subjetivos.
Otras veces, cuando tengo la agenda sin batería, me cojo dos o tres fotocopias de problemas y me los llevo en el bolsillo. Siempre hay un momento para darle una ojeada, y también el tiempo pasa volando. En este sentido he comprobado que si se tiene una revista que leer, a veces puede resultar ventajoso sacar fotocopias de los arts. que más interesan y llevarlos con nosotros acompañándonos en las actividades diarias. Es asombroso la cantidad de pequeños momentos muertos que podemos aprovechar… si tenemos el material adecuado preparado para la ocasión.
Nota: foto de Carlos Salinas. "Ajedrecistas en la Rambla de Barcelona". (se puede ver mayor, si se pica en ella).
martes, 19 de junio de 2007
Analizar en grupo
Hace años, bastantes por cierto, asistía a las sesiones de Zen que impartía el maestro Taisen Deshimaru. Los presentes nos sentábamos de cara a la pared, en una postura semicómoda (y digo semi, porque las piernas cruzadas son siempre difíciles para occidentales adultos) y tratábamos de concentrarnos en mantener la atención atenta. Todo esto es el Zen, o mejor dicho el “za-zen” o sea la práctica de la meditación Zen. En algunos momentos (las sesiones normales duraban una hora) el maestro hacía algunas reflexiones en voz alta, que resonaban en el silencio completo del dojo. Palabras que acompañaban la meditación y que tampoco tenían la estructura de un discurso; eran, al igual que otros producidos por la mente, objetos que aparecían y luego desaparecían como nubes en el cielo. Sin embargo algunas de esas palabras me quedaron fuertemente enraizadas en mi cabeza asociadas a la fuerte voz ronca y en un inglés japonizado del maestro (tan malo era este inglés que los españoles no teníamos que hacer ningún esfuerzo por comprenderlo). Traigo a colación estos recuerdos porque tienen, creo, relación con lo que hoy quiero decir..
Dijo una vez Deshimaru que el za-zen debe ser siempre practicado en grupo, y que por tanto desaconsejaba su práctica solitaria. No agregó nada más. Posteriormente le preguntamos sobre esta cuestión y sólo agrego lo siguiente, que recuerde. Dijo que una practica correcta de la meditación Zen implicaba siempre un acto comunitario, y que hacerlo sólo durante mucho tiempo, salvo circunstancias excepcionales, no lo recomendaba.
Curiosamente estas ideas olvidadas han vuelto a mi mente cuando hace unos días charlaba con otro jugador y me decía, muy seguro de sí mismo, que él sólo jugaba con el Fritz; a lo que respondí que durante mucho tiempo yo también lo había hecho… hasta que descubrí, de manera casual, que estaba tomando muy malas costumbres (como, por ejemplo, volverme atrás luego de advertir un grave error en mi movimiento, u otro mucho más serio, el no considerar la psicología de mi contrincante ni los planes profundos a que apuntaba, ya que con Fritz éstos datos son bastante irrelevantes).
En la actualidad considero que el entrenamiento con una máquina (llamaré “máquinas” a toda esta clase de soft) es útil para el jugador pero siempre a condición que sea paralelo, y cuantitativamente menor, que el juego con “humanos”.
Y más aún (y aquí viene a cuento lo que decía mi maestro), creo que el ajedrez, como la práctica del Zen, es, en esencia, un acto comunitario; aunque nadie ignora que en soledad proporciona muchos buenos momentos, ello es así, justamente, porque al acompañarnos nos trae el recuerdo de una intensa actividad colectiva.
En esta actividad colectiva existen episodios, torneos, que se destacan marcadamente, pero que son valiosos considerados sobre el fondo de esfuerzo humano que se extiende a lo largo del planeta y en profundidad en la historia. Por ello pienso que como aficionados no deberíamos desdeñar las actividades colectivas incluyendo ¿por qué no? el estudio y la profundización en diversos temas.
Es mucho mejor, para nuestro juego, aprender en grupo y analizar en grupo, compartiendo opiniones con otros jugadores y escuchando cosas que no se nos ocurriría pensar. La charla en el ajedrez tiene, comparada con la charla cotidiana, mucha más sustancia y casi siempre influye en nuestro juego a la larga; sea porque se alerta sobre una apertura que desdeñamos o una combinación que ignoramos o un final que increíblemente contraría nuestro sentido común.
Por supuesto que también esa charla contiene mucho de lo habitual en cualquier charla humana (todos somos “cotillas” porque nos agrada enterarnos de anécdotas y pequeños secretos a voces), pero en sustancia lo que vengo a decir es que esa convivencia es esencial para captar aspectos que se nos escapan y que no tendríamos, salvo casos excepcionales, oportunidad de conocer.
Por lo tanto considero que la formación de “grupos de análisis” entre jugadores, utilizando diferentes posibilidades según el entorno, debe ser una línea de juego, en todo ajedrecista (o “trebejista” como dicen algunos), para practicar asiduamente.
miércoles, 13 de junio de 2007
Dos mentalidades, un sólo juego
Una aproximación fenomenológica al ajedrez ofrece perspectivas interesantes. Antes que nada, y para los que no frecuentan las escuelas filosóficas, diré que la Fenomenología, un escuela fundada por Husserl, pretende una descripción de lo que aparece tal-como-aparece, o sea el conocimiento del “fenómeno” en la medida que se presenta a nuestra conciencia (al fin de cuentas “fenómeno” no quiere decir otra cosa “que aparece”). Pues bien, un enfoque fenomenológico, decía, del juego permite observar la gran disparidad que existe entre un jugador aficionado “de café” y un jugador experto, o profesional (categorías que coinciden en algunos casos, pero no en todos). El jugador aficionado considera que lo principal debe “salir de su cabeza” como salió la diosa Palas Atenea de la cabeza de Zeus, compuesta, con armadura y dispuesta para lo que venga. El jugador experto considera que la mayor parte de su juego se ajusta a modelos y experiencias de otros jugadores y que su aporte radica más bien en su capacidad para interpretar esos conocimientos y aplicarlos de manera eficaz. Por eso el jugador experto presta mucha atención a las novedades que traen las revistas y boletines especializados; en cambio al jugador aficionado todo eso no le interesa, y si por casualidad lo lee, se olvida tan pronto como puede. En el fondo de su mente late el supuesto de que “recordar” lo que otros han jugado es “hacer trampa”, ya que no es algo propio y original, resultado de sus procesos mentales.
Nada más equivocado, pero como decía al principio, una observación rigurosa permite constatar estas dos mentalidades contradictorias.
Para decirlo en pocas palabras, el jugador experto tiene conciencia de que su parte en el juego está, en gran medida, formada de recuerdos y éxitos ajenos; en cambio el jugador aficionado considera que su juego debe ser espontáneo y rompedor, para tener el valor que él le atribuye.
Estas cosas pensaba cuando leía, en Peón de Rey nº 67, la pregunta que Ángel Jiménez le hace a Miguel Illescas: “Entonces le comenté que si en la élite se castigaban a los osados que decidían salirse de las líneas naturales del juego” -o sea aquellas que han sido jugadas muchas veces y son conocidas por todos- “por ejemplo, con el uso de la Defensa Pirc, por encima de las aperturas más conocidas. Miguel comentó que creía que por ejemplo Krámnik siempre tenía un as guardado en la manga, por si alguien se le salía de lo conocido… “Krámnik siempre tenía un as guardado en la manga, por si alguien se le salía de lo conocido…” Krámnik siempre guarda algo. Que le juegan, por ejemplo la Pirc, como tú dices, pues seguro que te va a intentar llevar a alguna idea que de momento él sabe que puede servirle para una sola partida, pero con un efecto positivo para él por el tremendo factor sorpresa que se crea a su alrededor”. “Esa idea, tiene muchas probabilidades de funcionarle en ese momento. Los GM’s más prestigiosos lo saben y temen ser cazados antes de tiempo, de osar a jugar cosas “semi extrañas”… Por eso casi todos, suelen ceñirse bastante al terreno conocido ¡Por si acaso!” (1)
Veamos en este párrafo dos cuestiones importantes, según mi observación: La primera es que una novedad dura muy poco, sólo puede servirle a Krámnik para una sola partida; una vez que es conocida se incorpora al acervo común, y ni es novedad ni es sorpresa ni sirve, en consecuencia, para sobresaltar a un GM. La segunda es que existe un castigo si un GM quisiera salirse de lo conocido, ese castigo toma la forma de un estudio secreto que no se ha puesto aún en evidencia… pero cuya existencia funciona como disuasoria para otro GM en el contexto de una partida de alto nivel.
Algo así resultaría “chino” para un jugador aficionado, que no teme cualquier novedad simplemente porque ni siquiera conoce que esa jugada sea una novedad (cuando se juega “a lo que salga” todo es novedoso en si mismo). La gran y profunda diferencia está, para redondear este pensamiento, en que un jugador de alto nivel en realidad es una multitud de jugadores de diferentes épocas jugando en equipo, con el jugador encarnado como director de ese equipo (y los demás colaboran en la medida que el director los llama y los consulta, por medio de su memoria). En cambio el jugador aficionado, de bajo nivel, es “sólo-uno” que representa el drama o la puesta en escena del primer jugador que se enfrentó con otro, en esa partida original.
Con otras palabras, el jugador experto llama al pasado en su ayuda; el jugador aficionado está en el pasado remoto… sin ninguna ayuda, en una actitud fundacional (y por lo tanto expuesta a todos los errores de cálculo y de estrategia que surgen de esa situación inicial).
Nota:
(1)Ángel Jiménez Arteaga, “Secretos de la preparación ajedrecística. Mi experiencia como entrenador de Kramnik (II). En “Peón de Rey”, nº 67, junio 2007, Barcelona, pág.39.
lunes, 11 de junio de 2007
Nuestra biblioteca
Soy un comprador de libros de ajedrez. Me gusta hojearlos y tengo bastantes (para mi, en tanto son varios estantes de librería y ya tengo que apilarlos en dos filas). Hace unos días pensaba, a raíz de ver comprar a un amigo uno (que yo no tenía) hasta que punto una biblioteca de ajedrez es suficiente… En principio ya sé la respuesta: nunca. Pero si quisiéramos establecer alguna medida racional sobre la dimensión “necesaria” de nuestra biblioteca especializada, yo apelo al concepto de “masa crítica” (en adelante “m.c.”).
Considero que nuestros libros han alcanzado esa m.c. cuando uno puede consultar dos clases de temas: generales y particulares. Por los primeros me refiero a aquellas cuestiones de estrategia que sirven para cualquier momento de la partida. Los segundos, los particulares, son temas específicos que tratan una apertura concreta, o de un final también específico. La consulta permite ampliar nuestras ideas y tomar conciencia de algunos problemas de los cuales no éramos conscientes. La consulta no tiene porque ser ni definitiva ni completa, ya que esto, en ajedrez, es imposible.
Esta m.c. es variable, según el ajedrecista, su situación y la época en que se encuentra; pero a pesar de ello sirve como indicador de la adecuada dimensión de nuestra biblioteca. La alcanzamos cuando podemos realizar una consulta, entre partida y partida, y encontramos normalmente lo que buscamos.
Ello significa que ya tenemos nuestras aperturas preferidas y que no estamos comprando libros simplemente por las tapas o por los sugerentes temas que nos proponen.
La prueba crucial de que nuestra biblioteca se ha convertido en un instrumento útil, resulta de la consulta habitual de los libros y revistas. Si vemos que el polvo se acumula sobre ellos… esos libros no forman parte de la m.c. ya que ni son consultados ni son buscados en demanda de nuevas ideas.
viernes, 8 de junio de 2007
Piezas del ajedrez
El ajedrez se juega con un tablero y 16 piezas por banda… pero tanto el tablero como las piezas (madera, plástico o marfil) son en realidad innecesarios. Los objetos a los que llamamos “piezas” son irrelevantes en su materialidad, igual que el tablero. El verdadero tablero y las piezas verdaderas son puramente mentales; sinapsis de nuestras neuronas, imágenes en el cerebro. Usamos piezas y tablero porque, normalmente, carecemos del entrenamiento necesario para jugar sin estos elementos. Se puede perfectamente jugar sin ellos, y recuerdo, cuando pequeño, que con otro amigo intentábamos profundizar en la apertura, cada uno por su lado, mientras caminábamos por la calle. A veces, un bocinazo nos sobresaltaba, ya que habíamos cruzado la calle sin darnos cuenta. Por supuesto una vez adquirido ese poder se puede decir que las piezas y el tablero son meros soportes mnemotécnicos, igual que una agenda, o una anotación en un papel. Así que deberíamos acostumbrarnos a pensar las jugadas sin mover las piezas, sólo hacerlo cuando ya nos bailan las piezas en el cerebro, o perdemos el hilo. Es un buen entrenamiento y cada vez se puede llegar… un movimiento más lejos. Un ejemplo de cómo los elementos materiales son meros soportes, puede verse en cómo tratan a estos objetos algunos Grandes Maestros. Rescato aquí, un fragmento de los excelentes libros de Gary Kasparov, “Mis geniales predecesores”. Éste está en el tomo IV, Pág., 116: “Se dice que Reshevsky, como Capablanca, no tenía su propio juego de ajedrez. “En lo que a Capa se refiere, no lo sé, pero puedo decirle al lector que, aunque acompañé a Reshevsky a muchos torneos, sólo le ví un juego en una ocasión, en Palma”, escribe Hannon Russell. “¡Y que juego! Pequeño, hueco, de plástico y desconchado, con un tablero muy ligero en rojo y negro. Todo el juego, piezas incluidas, no podía haber costado más de dos dólares. Me senté y observé cómo analizaba su partida aplazada con el gran maestro yugoslavo Damljanovic. Era un final de cuatro torres… Y al menos en la sala de juego, porqué en el tablero de Reshevsky eran ¡dos torres blancas contra una torre roja y una moneda española!””
Naturalmente que nada obsta a que se tenga un magnifico tablero de fina madera veteada, con piezas de algún material noble y costoso… lo mismo sucede con algunos que se gastan mucho dinero en lujosas agendas; pero el juego no pasa por allí, de la misma forma que las importancia de las actividades que se anotan en la agenda, no depende del material con que se la construido.
viernes, 1 de junio de 2007
Finales
Así como resulta fácil internarse en los complicados caminos de las múltiples aperturas y defensas (casi todas con nombres muy estimulantes), resulta árida la investigación en los finales; y sin embargo es un estudio crucial.
Alguna vez leí (no recuerdo dónde) que un autor recomendaba empezar el estudio sistemático del ajedrez justamente por los finales; y es un consejo que no seguí... por mucho tiempo. Luego me arrepentí, y creo que debo dejar constancia aquí de que es un error que debemos enfrentar lo más pronto posible.
El libro de Marck Dvoretsky "Técnica para el jugador de torneo" (Editorial La Casa del Ajedrez) trata sobre finales, y si bien no puede considerárselo una introducción a la cuestión, puede ser tenido en cuenta como un texto de valía para estimularnos a estudiar los benditos "finales".
lunes, 28 de mayo de 2007
En qué confía el jugador de ajedrez
Mark DvoretskyHe encontrado estas palabras del G.M. Mark Dvoretsky (actualmente entrenador del Equipo Olímpico Brasileño de ajedrez) que me parecen dignas de ser recordadas, en diferentes momentos de la práctica ajedrecística de un jugador no-profesional pero si profundamente interesado en el ajedrez:
“El jugador de ajedrez confía en sus propios descubrimientos en un grado no inferior a la confianza que le merecen los de los demás. Su descubrimiento es próximo a él, se graba mejor en su memoria, puesto que en algún momento le ha dedicado reflexiones y pensamientos profundos. Nuestras propias partidas deberían ser cuidadosamente preservadas y ocasionalmente revisadas. Al regresar de algún torneo, tenía la costumbre de registrar las partidas que había jugado en un libro especial, anotando las variantes que había calculado ante el tablero y las ideas que se me habían ocurrido durante las partidas. Dejaba espacio suficiente para futuras notas adicionales y eventuales correcciones. Más tarde, utilizaba repetidamente esta información al prepararme nuevas partidas, así como material para enseñar a los jóvenes jugadores. He recomendado el mismo sistema a todos mis jugadores. Las partidas que jugamos, junto con las ideas que en ellas se producen son los principales resultados creativos de nuestras carreras ajedrecísticas, de modo que merecen ser tratadas con cariño.” (pág. 30. “Secretos de la táctica en ajedrez”, Ediciones Merán).
El jugador de ajedrez aprende del juego y, además, comprende que en éste, como en la vida, no hay dos situaciones iguales, aunque sean muy parecidas. Las posibilidades de combinaciones son, en la práctica, infinitas, y se necesita una inteligencia despierta capaz de ver, simultáneamente, lo que cada situación contiene de común con otras, y lo que las diferencia. Este análisis perspicaz e ineludible no se aprende en los libros ni ningún entrenador puede transmitírselo a su alumno. Ni siquiera un G.M. puede codificarlo en forma de algoritmo y puesto en negro sobre blanco en un libro. Y no puede porque es imposible. Esta es, sin duda, la gran diferencia entre el ajedrez y cualquier otro juego que el ser humano ha inventado. Por lo tanto el jugador de ajedrez aprende de su juego, y en esa práctica tiene la posibilidad de generalizar tales principios no sólo para su futuro ajedrecístico sino para la vida: más que leer y leer libros de “desarrollo personal” de lo que se trata es de aplicar algunos principios básicos y ver lo que sucede en la práctica, analizándola y reexaminándola sin cesar.
Es en este sentido que pienso la gran utilidad del aprendizaje y la práctica del juego. Se adquieren y se desarrollan habilidades útiles en cualquier aspecto de la existencia que se quiera pensar. En cierto modo el juego es como una “cabina virtual” de vuelo, donde el piloto prueba sus nervios y sus reacciones en situaciones extremas o inesperadas que en la vida real raramente suceden, pero que cuando se dan pueden ser mortales.
Recordemos: más allá de las recetas, más allá de las codificaciones estadísticas de la experiencia de grandes jugadores, está la experiencia particular que resume nuestra combinación idiosincrática de inteligencia y experiencia personal. Desdeñar ésta, para ir en pos, únicamente, de lo que dicen los libros, es construir la casa por el tejado.
martes, 15 de mayo de 2007
Una "percha" para nuestra experiencia
Y esto es bueno en el ajedrez, ya que una buena preparación siempre es esencial para llevar a buen puerto una partida. En cierto modo el jugador de negras está en la situación del abogado "defensor" en un juicio penal; y el jugador de blancas es equivalente al "fiscal". La estrategia de ambos es diferente: al fiscal sólo le basta con incidir en los puntos débiles (o en otras palabras los que apuntan a la "culpabilidad" del acusado); en cambio el abogado defensor tiene que pensar tanto en lo que ha hecho su cliente, como en todo aquello por lo cual puede ser acusado, o sospechoso. Un buen abogado defensor tiene que tener al fiscal siempre presente, si quiere salvar a su cliente. Pues bien, la situación en una partida es equivalente.
Ese movimiento inicial que tiene el blanco es de gran valor para atacar, y allí, en ese ataque, se muestra también las fisuras que ofrece (todo movimiento debilita, ya que el punto de partida inicial es la mejor situación en que se encuentran los dos ejércitos desde el punto de vista de su defensa). Pero estas fisuras sólo serán útiles, para el jugador de negras, si estudia atentamente la estructura que se genera en la partida, y la mejor manera de frenar primero el avance y luego, cuando el movimiento inicial ha perdido su filo, efectuar un adecuado contra ataque.
El estudio en ajedrez es acumulativo, siempre se conoce una combinación nueva y se destruye un prejuicio viejo; y el jugador debe aprovechar sus conocimientos adquiridos en diferentes momentos a lo largo del tiempo; a veces, a lo largo de mucho tiempo. Por lo tanto es importante acumular conocimientos en forma legible, cómoda, siempre al alcance de la mano. La memoria ayuda, pero no es suficiente porque la memoria humana es altamente falible y además juega malas pasadas como lo sabe cualquier investigador científico. Se necesita registrar los avances, y poder volver a ellos para reflexionar sobre lo que significan y hacia donde apuntan.
Lamentablemente los programas de ajedrez no están, aún, suficientemente bien configurados para que el jugador pueda no sólo jugar, y revisar bases de datos muy completas, sino tambiénincluir cómodamente sus estudios y vincularlos entre sí de manera que respondan rápidamente a sus preguntas. Ni el Chess Base ni el Chess Assistant , permite tal complejidad en el estudio. En mi caso, me decidí por la utilización de uno de estos programas antes mencionado combinado con otros dos programas que me faciliten realizar mapas de análisis y páginas accesorias de estudios diversos. La combinación es potente, aunque a veces chirría (es decir se presentan problemas inesperados), debido justamente a que no es un sólo programa integrado el que cubre todas las necesidades. Pero funciona, y eso es lo que busco.
Resumiendo: se necesita generar un archivo personalizado de información que sea claro, lo más sencillo posible, y que permita acceder en cuestión de segundos al tema osubtema que es necesario repasar, profundizar, ampliar, o modificar. De esta manera nuestro archivo se convierte en una adecuada "percha" donde colgar nuestras experiencias y estudios, y aunque pase tiempo sin usarlo, siempre se pueda ir y en pocos instantes recuperar toda la información que se necesita.
viernes, 13 de abril de 2007
No perder lo adquirido
Para un jugador de ajedrez el tiempo tiene un valor suplementario. Y el tiempo que se dedica al estudio debería ser aprovechado al máximo, evitando las pérdidas de memoria que se producen en todos, especialmente cuando hace ya bastante tiempo que no se ha practicado una apertura, por ejemplo.
Por ello es conveniente desarrollar un método personalizado para archivar el material estudiado, de tal manera que pueda ser recuperado en poco tiempo, cuando se lo vuelva a necesitar.
Por supuesto programas como Chess Base y Chess Assistant son ideales para archivar información, pero sin embargo, no son completos (por lo menos tal como los he experimentado). A veces se echa a faltar un sistema más flexible de vínculos que permita conectar con estos programas ficheros en formato Excel, Word, o pertenecientes a otros programas que podemos utilizar para registrar información gráfica.
Este es un problema que he tratado de resolver creando “dossiers” o estudios que reúnen información muy variada, junto con partidas y anotaciones personales. Estos estudios tienen gran valor cuando ya la memoria flaquea y es urgente repasar opiniones y sugerencias que a veces son de varios años atrás.
Este es un tema que deberíamos tomar muy en cuenta para no perder tiempo ni para gastar energías redescubriendo la “pólvora”; o lo que es lo mismo, recuperando ideas que una vez tuvimos y que luego olvidamos.
Por otra parte, acostumbrarse a conservar la información de manera estructurada es un hábito que nos servirá tanto profesionalmente como en nuestras aficiones. Así que merece la pena dedicarle suficiente atención.
miércoles, 17 de enero de 2007
Información sobre el Blog
Nota: Si usais Firefox no se podrá leer porque el formato "mht" es propio de Microsoft, pero sí dejará bajarlo o leerlo con el Internet Explorer.