lunes, 9 de marzo de 2009

Una partida con demasiada ventaja

Un interesante reportaje al ex-ogro de Bakú, más conocido por Kasparov, se puede leer aquí. Resulta fascinante como este Gran Maestro ha pasado del juego ciencia al arte de la política. Además jugando con negras y dándo de ventaja ¡la Dama y por lo menos dos Alfiles¡ Evidentemente una partida perdida en la que sólo aspira a "durar" quizá confiando en un grueso error de su adversario, Putin. 
Evidentemente es una partida con final previsible, no obstante Kasparov tiene un "modelo" que lo incita a mantenerse en el tablero: "Paseando junto al Hudson, Kasparov admite que su gran modelo es Winston Churchill, que mantenía sus ideas frente a los vientos de la opinión pública"

jueves, 4 de diciembre de 2008

Desplegar el YO

Estas palabras de J. Rowson, que señalo en la página escaneada, me parecieron excepcionales, mostrando la hondura psicológica en el análisis del G.M. británico.

¿Qué nos lleva a jugar y a entusiasmarnos con el ajedrez?

Según nuestro autor ofrece la posibilidad de escapar del estrecho círculo de la vida cotidiana donde todos nosotros estamos constreñidos a representar un papel, (o varios), que siempre está lejos de usar completamente nuestras potencialidades. En el ajedrez somos el general que dirige la guerra contra un enemigo feroz,  el empresario que diseña una estrategia de expansión de sus recursos,  el estadista que decide perseverar cuando todo aparentemente está en contra. Como decía Napoleón, cada soldado suyo llevaba el bastón de mariscal en su mochila, y el ajedrez permite ejercer eso que todos tenemos y que muy pocos pueden demostrar en su existencia normal.

Se podría decir que esta reflexión es aplicable a cualquier “juego”; pero el ajedrez por su complejidad e infinitas combinaciones es, en todo caso, el terreno más adecuado para desplegar nuestro YO hasta los límites de nuestra naturaleza. 

Rowson. Ventajas del Blanco






Sobre la cuestión de la ventaja blanca sobre las piezas negras en este blog ya se analizado en varias entradas la cuestión. Resumiendo opino que esta ventaja es un mito (mito compartido por GM, evidentemente) y que no resiste un análisis en profundidad. Pero de ello no puede deducirse que su contrario sea correcto. En realidad los dos colores están igualados, como no podría ser menos en un juego tan complejo, y las sensatas palabras de Jonathan Rowson, en el libro ya reseñado, dan un poco más de claridad a este asunto. El que se tome el trabajo de leer las páginas escaneadas más arriba podrá juzgar por si mismo en que consiste esta supuesta ventaja de las piezas blancas. Pero para los más vagos un resumen de ellas podría ser lo que sigue:

  1. La primera jugada, otorgada a las piezas blancas, resulta equivalente al servicio en tenis, en tanto otorga un mayor control del ritmo y dirección del juego y además disponen de un segundo servicio, por si las cosas van mal.
  2. Esta ventaja es más psicológica que posicional, en el caso del ajedrez, y por lo tanto dependerá de la habilidad relativa de cada jugador convertirla en algo tangible o no.
  3. Al tener la iniciativa, las blancas pueden  sorprender, o no, según la preparación del jugador de negras. Considerando igual preparación el resultado será azaroso, y a lo máximo que pueden aspirar las blancas será a hacer tablas seleccionando una apertura que por su desarrollo lleve las piezas a esa situación. Pero teniendo en cuenta que hasta la apertura más “tablífera” tiene variantes peligrosas y el seleccionarlas no depende sólo de un jugador.

Sin embargo, y esto sí hay que destacarlo, decir que las blancas tienen ventaja psicológica no es moco de pavo. La ventaja psicológica es importante y cualquier jugador, independientemente de su calidad de juego, desea tenerla. Sólo cuando se juega contra un software su importancia es nula. Así que la mejor manera, pienso, para contrarrestar esa superioridad es hacerse ducho en el manejo de las negras dándoles prioridad en la preparación del juego. Un manejo preciso por parte de las negras, es el mejor antídoto contra los fantasmas que nuestra mente suele crear.

jueves, 27 de noviembre de 2008

J. Rowson. Ajedrez para cebras

Estoy muy contento porque por fin se ha editado en español este libro de Jonathan Rowson, del cual he hablado hace poco. Desde el 2005 estaba publicado en inglés... pero una cosa es leer un texto de aperturas y otro un libro como el de Rowson cuyo lenguaje está lleno de matices que hacen necesario una atención especial. 
El campeón británico, galardón renovado en el 2005, escribe desde una perspectiva muy personal y el título se explica al principio con el proverbio Sufí "Cuando oigas el retumbar de cascos, piensa en una cebra".
¿En que pensamos los simples mortales cuando oímos ese ruído? normalmente en caballos..., y allí está la clave del mensaje de Rowson. Se trata de cambiar nuestras rutinas de pensamiento (incluyendo nuestros "conocimientos" sobre el valor de las piezas y las estructuras que se crean sobre el tablero). "Significa permitirse ... pensar de un modo diferente" escribe el GM escocés, y todo el libro es una invitación a romper esquemas, sin caer, por supuesto en situaciones perdedoras.
Creo que de este libro hablaré en varias entradas sucesivas. Rowson me parece un pensador fascinante (muchas de las ideas que promueve son válidas en diferentes campos, no sólo en el ajedrez).
Rowson(2005). Jonathan Rowson, "Ajedrez para cebras", Editorial La Casa del Ajedrez, Madrid, 2008, pp.271, http://www.lacasadelajedrez.com Tit.Orig: Chess for zebras. Gambit Publications, 2005. 

martes, 28 de octubre de 2008

Los viejos maestros

Roberto Grau escribió un tratado de ajedrez en 4 volúmenes. Siempre me da placer releerlo porque aunque no contiene desarrollos contemporáneos su prosa es clara y limpia como un arroyo de montaña y sus consejos de un sentido común que a veces olvidamos. Mejor dicho, que muchas veces olvidamos. En este blog se puede leer algo de este inolvidable autor. Ver

jueves, 21 de febrero de 2008

Me toca mover

Cuando uno mueve... se cierran miles de posibilidades, y se abren otras tantas. Cada movimiento es irreversible, así como cada segundo que vivimos.
ver

viernes, 25 de enero de 2008

De cómo no ser rutinario

En diciembre del 2006 ya había mencionado este libro de Rowson, campeón de Escocia y luego de G.B. Lo estoy releyendo. Primero porque me agrada releer libros, ya que siempre les encuentro novedades que pasaron desapercibidas en una sóla lectura; otras veces porque una nueva perspectiva, resultado del tiempo que ha pasado, y de las experiencias vividas, me hace encontrarles algo distinto.

“Los siete pecados capitales del ajedrez” son en realidad los pecados principales que el jugador comete en este juego. La lista es discutible, pero significativa. Además seguro que alguno de ellos ni se nos ocurriría pensar. Por ejemplo, el primer pecado que se menciona trata del “pensamiento”, y como el lector de este blog puede suponer no se trata de pensar “cosas malas” (en sentido religioso) sino de hacerlo malamente, con ineficacia. El jugador que incurre en este pecado tiende a considerar lo aprendido (en el juego, en libros e incluso aprendido de su maestro más apreciado) como una serie de modelos que ya están establecidos para siempre.

A cualquiera no se le escapa que nada (y mucho menos en el ajedrez) es “para siempre” y que las conclusiones a las que los humanos llegamos son, en esencia, provisionales; no obstante podemos estar de acuerdo y sin embargo actuar, en la práctica del juego, como si fueran verdades eternas e intocables.

Rowson trae a cuento los estudios de Edgard de Bono sobre el “pensamiento lateral”, una clase de pensamiento creativo que descarta los modelos conocidos para dar un salto mortal y enfocar el mismo problema de otra manera radical, cosa que se dice pronto pero que cuesta lo suyo. De Bono da muchos ejemplos y sugiere un método para despertar en nosotros esta clase de pensamiento. Pues bien, nuestro autor afirma que esta clase de pensamiento creativo también se da en el ajedrez. Y para introducirnos en sus ideas coloca, al principio de una sección de este capítulo, la provocativa (para cualquier jugador de ajedrez) cita de Bruce Lee: “No piense. Sienta.”

Para lograr este cambio que nos lleva a saltar sobre lo, hasta el momento, considerado ortodoxo Rowson introduce un ejercicio casi imposible: “hablar con las piezas”.

Induce al jugador a dialogar con sus piezas como si de entes vivos se trataran y dejarse aconsejar por lo que ellas sugieran.

A primera vista pareciera que el autor nos propone que nos pongamos locos paranoicos deliberadamente y hablemos con los objetos inanimados como si de compañeros de juego fuesen. En realidad muchas veces estamos hablando con objetos, sobre todo si son herramientas habituales y las apreciamos por lo que valen, y esto no es señal de locura sino de cariño. Rowson muestra algunas partidas donde se muestra el proceso de “hablar con las piezas” y aunque más no fuese por probar, valdría la pena que en aquellos momentos en que no tenemos ningún plan y estamos desconcertados o nuestro juego es absolutamente aburrido tratáramos de hablar con algunas piezas que, por ejemplo, están olvidadas en algún rincón del tablero. ¡No se sabe lo que puede salir de algo así!

jueves, 27 de diciembre de 2007

Una revista con valor añadido

Para terminar el año envío desde este blog un montón de buenos deseos a todos y en particular a los aficionados al ajedrez (y sobre todo a aquellos que han sabido encontrar el placer de jugar con negras).
Aquel que ha encontrado en el ajedrez una manera de flexibilizar su mente preparándola para la victoria y para la derrota; aprendiendo constantemente y comprobando que con las mismas piezas de siempre se pueden hacer nuevas combinaciones hasta el momento impensables... tiene un tesoro en sus manos y si lo cuida nunca estará ni sólo ni aburrido.
Leer buenas revistas de ajedrez es descubrir nuevas posibilidades a la vez de sentirse parte de una gran comunidad mundial "gens una sumus" (somos una familia); por lo tanto aprovecho la ocasión para saludar a el nuevo Peón de Rey que ha sabido remozarse con nuevas secciones, nueva tipografía y muchas más páginas para leer.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Aprendiendo a defenderse

Dado que sólo cuando estudiamos un libro realmente éste vale como información, deberíamos seleccionar cuidadosamente los libros que compramos. Y con ese ánimo es que presento éste, que me parece muy interesante para desarrollar nuestras habilidades “defensivas”.

Aquel que sabe defenderse, no tiene miedo a los ataques, y es un perfecto candidato para elegir las piezas negras toda vez que pueda. Aagard coloca varias citas muy oportunas, Como ésta: “Where most people see wall, a blessed few see doors”. Esben Lund (Donde la mayoría de la gente ve muros, unos pocos benditos ven puertas) y para mostrarnos las puertas donde sólo percibimos un muro infranqueable es que este libro está lleno de ejercicios para desarrollar una percepción más audaz y poco rutinaria.

El que pueda leerlo tendrá un buen maestro y, además, debemos luchar para evitar que la barrera idiomática se interponga de manera decisiva. Para aquel que quiere ver puertas donde otros sólo distinguen paredes, esta primera barrera será un obstáculo, más no un muro insoslayable.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Ilusiones y realidades

Hoy no comentaré el libro de Kasparov sino un tema paralelo, o quizá podría escribir: convergente.

¿Por qué un aficionado compra libros? La respuesta más evidente es que los compra porque quiere aprender más sobre el juego. Y si hurgamos en esta voluntad de aprender lo que suele aparecer es el deseo de conocer nuevas variantes y también la posibilidad de evitar esos errores que cometemos sin darnos cuenta que son errores.

Pero un análisis, digamos “fenomenológico”, de este hecho (el de comprar un libro técnico) nos muestra que sólo compramos una “promesa” de conocimiento. Esta promesa se hará efectiva cuando realmente pase el contenido del libro, total o parcialmente, a nuestra cabeza. Y ese proceso requiere mucho más trabajo que el acto de comprar y pagar el libro.

Es este proceso el que, quizá por razones profesionales, me interesa mucho. ¿Cómo hacer para que el tránsito de conocimiento entre el libro y nuestro cerebro sea una autopista sin cortes ni taponamientos?

Y por lo tanto mientras leo, me pregunto simultáneamente, que debo hacer para que eso que leo no entre por los ojos y salga por las orejas.

Una de las cosas que considero esencial es la necesidad de leer los libros con un tablero delante; mejor si este tablero no es virtual, pero aquí es materia de gustos y mentalidades. Además depende de cuestiones prácticas como si tenemos ya un buen programa de base de datos (el Chess Base o el Chess Assistant por ejemplo) y entonces nos resulta práctico leer y simultáneamente jugar la partida haciendo comentarios en nuestra base.

Otra cosa que me parece importante es hacer esquemas que organicen el conocimiento como si lo viéramos dispuesto en una gran parada militar desde el palco presidencial. En este sentido yo utilizo un buen programa informático que me permite disponer los temas de manera que pueda observarlos de un vistazo (la imagen muestra un ejemplo de ello).

Por último me parece también práctico intentar llevar un “diario” personal dedicado al ajedrez. En él podemos anotar diversas cosas, tales como las partidas que jugamos (sin mayores detalles), los planes que pensamos practicar y las dificultades que encontramos al aplicarlos, los libros que hemos comprado y en que medida los trabajamos o duermen en nuestra biblioteca, los proyectos que tenemos (por ej. Estudiar a fondo una variante de una apertura) etc. etc. Todo lo que, en resumen, vivimos y pensamos alrededor del ajedrez. Este diario al principio sólo nos servirá para aclararnos a nosotros mismos por donde andamos; pero con el tiempo permitirá repasarlo y al hacerlo recordar cosas olvidadas, proyectos incumplidos e incluso recomendaciones útiles que nos hicimos en algún momento de iluminación fugaz.

Yo trato siempre de recordar, al comprar un libro o una revista especializada, que sólo estoy comprando “promesas” pero no realidades. Éstas se harán efectivas si estoy dispuesto a trabajar con el nuevo material. Si no es así … sólo pierdo dinero y me engaño a mi mismo creyendo que estoy mejorando por el simple hecho de llenar mi biblioteca con más información.