jueves, 27 de noviembre de 2008
J. Rowson. Ajedrez para cebras
martes, 28 de octubre de 2008
Los viejos maestros
jueves, 21 de febrero de 2008
Me toca mover
ver
viernes, 25 de enero de 2008
De cómo no ser rutinario

“Los siete pecados capitales del ajedrez” son en realidad los pecados principales que el jugador comete en este juego. La lista es discutible, pero significativa. Además seguro que alguno de ellos ni se nos ocurriría pensar. Por ejemplo, el primer pecado que se menciona trata del “pensamiento”, y como el lector de este blog puede suponer no se trata de pensar “cosas malas” (en sentido religioso) sino de hacerlo malamente, con ineficacia. El jugador que incurre en este pecado tiende a considerar lo aprendido (en el juego, en libros e incluso aprendido de su maestro más apreciado) como una serie de modelos que ya están establecidos para siempre.
A cualquiera no se le escapa que nada (y mucho menos en el ajedrez) es “para siempre” y que las conclusiones a las que los humanos llegamos son, en esencia, provisionales; no obstante podemos estar de acuerdo y sin embargo actuar, en la práctica del juego, como si fueran verdades eternas e intocables.
Rowson trae a cuento los estudios de Edgard de Bono sobre el “pensamiento lateral”, una clase de pensamiento creativo que descarta los modelos conocidos para dar un salto mortal y enfocar el mismo problema de otra manera radical, cosa que se dice pronto pero que cuesta lo suyo. De Bono da muchos ejemplos y sugiere un método para despertar en nosotros esta clase de pensamiento. Pues bien, nuestro autor afirma que esta clase de pensamiento creativo también se da en el ajedrez. Y para introducirnos en sus ideas coloca, al principio de una sección de este capítulo, la provocativa (para cualquier jugador de ajedrez) cita de Bruce Lee: “No piense. Sienta.”
Para lograr este cambio que nos lleva a saltar sobre lo, hasta el momento, considerado ortodoxo Rowson introduce un ejercicio casi imposible: “hablar con las piezas”.
Induce al jugador a dialogar con sus piezas como si de entes vivos se trataran y dejarse aconsejar por lo que ellas sugieran.
A primera vista pareciera que el autor nos propone que nos pongamos locos paranoicos deliberadamente y hablemos con los objetos inanimados como si de compañeros de juego fuesen. En realidad muchas veces estamos hablando con objetos, sobre todo si son herramientas habituales y las apreciamos por lo que valen, y esto no es señal de locura sino de cariño. Rowson muestra algunas partidas donde se muestra el proceso de “hablar con las piezas” y aunque más no fuese por probar, valdría la pena que en aquellos momentos en que no tenemos ningún plan y estamos desconcertados o nuestro juego es absolutamente aburrido tratáramos de hablar con algunas piezas que, por ejemplo, están olvidadas en algún rincón del tablero. ¡No se sabe lo que puede salir de algo así!
jueves, 27 de diciembre de 2007
Una revista con valor añadido
Aquel que ha encontrado en el ajedrez una manera de flexibilizar su mente preparándola para la victoria y para la derrota; aprendiendo constantemente y comprobando que con las mismas piezas de siempre se pueden hacer nuevas combinaciones hasta el momento impensables... tiene un tesoro en sus manos y si lo cuida nunca estará ni sólo ni aburrido.
Leer buenas revistas de ajedrez es descubrir nuevas posibilidades a la vez de sentirse parte de una gran comunidad mundial "gens una sumus" (somos una familia); por lo tanto aprovecho la ocasión para saludar a el nuevo Peón de Rey que ha sabido remozarse con nuevas secciones, nueva tipografía y muchas más páginas para leer.
lunes, 10 de diciembre de 2007
Aprendiendo a defenderse

Aquel que sabe defenderse, no tiene miedo a los ataques, y es un perfecto candidato para elegir las piezas negras toda vez que pueda. Aagard coloca varias citas muy oportunas,
El que pueda leerlo tendrá un buen maestro y, además, debemos luchar para evitar que la barrera idiomática se interponga de manera decisiva. Para aquel que quiere ver puertas donde otros sólo distinguen paredes, esta primera barrera será un obstáculo, más no un muro insoslayable.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Ilusiones y realidades

¿Por qué un aficionado compra libros? La respuesta más evidente es que los compra porque quiere aprender más sobre el juego. Y si hurgamos en esta voluntad de aprender lo que suele aparecer es el deseo de conocer nuevas variantes y también la posibilidad de evitar esos errores que cometemos sin darnos cuenta que son errores.
Pero un análisis, digamos “fenomenológico”, de este hecho (el de comprar un libro técnico) nos muestra que sólo compramos una “promesa” de conocimiento. Esta promesa se hará efectiva cuando realmente pase el contenido del libro, total o parcialmente, a nuestra cabeza. Y ese proceso requiere mucho más trabajo que el acto de comprar y pagar el libro.
Es este proceso el que, quizá por razones profesionales, me interesa mucho. ¿Cómo hacer para que el tránsito de conocimiento entre el libro y nuestro cerebro sea una autopista sin cortes ni taponamientos?
Y por lo tanto mientras leo, me pregunto simultáneamente, que debo hacer para que eso que leo no entre por los ojos y salga por las orejas.
Una de las cosas que considero esencial es la necesidad de leer los libros con un tablero delante; mejor si este tablero no es virtual, pero aquí es materia de gustos y mentalidades. Además depende de cuestiones prácticas como si tenemos ya un buen programa de base de datos (el Chess Base o el Chess Assistant por ejemplo) y entonces nos resulta práctico leer y simultáneamente jugar la partida haciendo comentarios en nuestra base.
Otra cosa que me parece importante es hacer esquemas que organicen el conocimiento como si lo viéramos dispuesto en una gran parada militar desde el palco presidencial. En este sentido yo utilizo un buen programa informático que me permite disponer los temas de manera que pueda observarlos de un vistazo (la imagen muestra un ejemplo de ello).
Por último me parece también práctico intentar llevar un “diario” personal dedicado al ajedrez. En él podemos anotar diversas cosas, tales como las partidas que jugamos (sin mayores detalles), los planes que pensamos practicar y las dificultades que encontramos al aplicarlos, los libros que hemos comprado y en que medida los trabajamos o duermen en nuestra biblioteca, los proyectos que tenemos (por ej. Estudiar a fondo una variante de una apertura) etc. etc. Todo lo que, en resumen, vivimos y pensamos alrededor del ajedrez. Este diario al principio sólo nos servirá para aclararnos a nosotros mismos por donde andamos; pero con el tiempo permitirá repasarlo y al hacerlo recordar cosas olvidadas, proyectos incumplidos e incluso recomendaciones útiles que nos hicimos en algún momento de iluminación fugaz.
Yo trato siempre de recordar, al comprar un libro o una revista especializada, que sólo estoy comprando “promesas” pero no realidades. Éstas se harán efectivas si estoy dispuesto a trabajar con el nuevo material. Si no es así … sólo pierdo dinero y me engaño a mi mismo creyendo que estoy mejorando por el simple hecho de llenar mi biblioteca con más información.
lunes, 29 de octubre de 2007
Kasparov. 5

No debemos desalentarnos si hemos preparado una apertura con sus variantes y luego nos encontramos que a poco de salir, nuestro adversario desarrolla otra, inesperada, que nos lanza hacia el vacío. La búsqueda de resultados inmediatos (algo tan importante en nuestra época) resulta, a la larga, un torpedo en la línea de flotación de nuestro desarrollo personal. Todo necesita tiempo… y maduración. Y en ese proceso el trabajo que no es remunerado inmediatamente conforma también un escalón imprescindible hacia la excelencia. Garry menciona el ejemplo de Thomas Edison, pero uno mismo, si se analiza cuidadosamente lo hecho en el pasado se puede vislumbrar como cada logro tiene mucho trabajo invisible en sus raíces; trabajo gratuito pero esencial. El que busca resultados importantes no debe reparar ni en los éxitos ni en los fracasos del corto plazo; ambos son esenciales y ayudan tanto unos como otros, sin son adecuadamente asimilados.
viernes, 26 de octubre de 2007
Kasparov. 4

Claro que se podría decir que la “fantasía” de un GM no es la de un aficionado, y obviamente todos estaríamos de acuerdo en ello. Lo mismo sucede en la vida real. No es igual la fantasía de un profesional con experiencia, que la fantasía de un novato; ni la de una persona medianamente inteligente, que la de un tonto.
De todos modos el consejo de K. sigue siendo provocativo. Nos incita a no seguir las líneas habituales, y a pensar en estados futuros radicalmente favorables, analizando a posteriori de que manera podemos acercarnos a ellos.
Cómo método de exploración me parece bueno, y si además lo leo en el libro del gran maestro… me parece aún mejor. Como él escribe: “Muy a menudo descartamos inmediatamente las ideas y las soluciones extravagantes, especialmente en áreas con patrones establecidos desde hace mucho tiempo.” (pág. 101), y esto es algo que deberíamos tener en cuenta casi todos los días que nos enfrentamos a la rutina diaria. Sería un buen ejercicio, y, por supuesto, es en el ajedrez donde podríamos practicarlo con efectos más inmediatos.
miércoles, 24 de octubre de 2007
Kasparov. 3

Una situación similar se da en la vida cotidiana, pero con una diferencia esencial: el GM revista sus pautas en función de sus éxitos y derrotas, en cambio en la vida real pocas veces hacemos un análisis similar. De ello se deduce que deberíamos intentar una revisión regular de nuestra actuación diaria y si hemos localizado algo interesante, tanto por su novedad o por sus consecuencias, deberíamos tomar nota de ello, igual que hace un GM en su profesión.
Kasparov concluye con estas palabras que no son “políticamente correctas” pero que tienen una gran carga de sensatez: “Mucha gente habla de desconectar después del trabajo o de la escuela, de olvidarse de la jornada laboral para relajarse. ¿No serían mucho más eficaces si, al final de cada día, se preguntaran a sí mismos que lecciones han aprendido para el mañana?” (pág.94)